Parīkṣā. El arte de OBSERVAR*

Actualizado: ago 31



Parīkṣā se traduce como “observación”, pero su raíz pantah iskah parīkṣāh significa mirar desde diferentes (muchos) ángulos o perspectivas. Mirar desde muchos lugares es tener una perspectiva global, centrada; es como mirar desde el medio, objetivamente. Esta forma de mirar no depende excluyentemente de los sentidos (vista, tacto, olfato, etc.). Puede comenzar por apoyarse en ellos, pero es una observación que trasciende la instrumentación de nuestros programas habituales de percepción. Parīkṣā no es algo que dependa unívocamente de los sentidos sino de mi capacidad para observar más allá. Esto requiere una menta calma, en foco; una mente capaz de sostener información que quizás no puede procesar o clasificar a priori o instantáneamente; una mente entrenada. Tradicionalmente se dice que gran parte de la efectividad de una práctica personal de yoga depende de esta instancia de observación.


OBSERVAR DEPENDE DE MEDITAR

La observación es la piedra angular de nuestra tradición de yoga y aprender a observar sucede como consecuencia de un trabajo interno. No hay manera de ver al otro si antes no me veo. No hay manera de distinguir cuánto estoy proyectando en el alumno si antes no comprendo los juegos de mi propia mente. Pero nadie aprende a observar leyendo libros especializados en las señales de las manos, los gestos, los colores de los ojos, la piel, la comunicación, etc. Un buen observador nace como consecuencia de su propia práctica personal. Lo que implica -también- tener contacto directo con un buen profesor que lo esté guiando (su espejo). Así, la red se construye hasta el infinito.

A su vez, el profesor necesita tener los sentidos en alerta para “leer” los cambios sutiles en su alumno. Esto implica ver a cada alumno; comprender que cada persona es diferente de otras, y a la vez diferente con respecto a sí mismo con cada cambio [YS.IV.5 y IV.15]. Si el profesor no refina su mente no podrá ayudar.

Si meditar es fusionarse con las cualidades del objeto (para el profesor, “el objeto” es el alumno), observar implica desarrollar cualidades afines a la meditación. Como profesor, necesito comprender las cualidades de mi “objeto-alumno”. Un buen observador da cuenta de alguien entrenado en meditación. Junto a esas cualidades del observador, también se requiere:

- una buena memoria para retener lo observado,

- capacidad para procesar lo que observo,

- dosificar la información justa y necesaria en el momento/espacio adecuado.


Se requiere que el alumno confíe en el maestro, en sus enseñanzas y en el proceso. Y para lograrlo, es responsabilidad del profesor generar un clima de coherencia y verdad entre lo que se propone, se dice y se hace.

Existen algunos buenos ejemplos de vínculos creados a base de conciencia y servicio, y muchos ejemplos de vínculos creados en marcos que no tienen nada que ver con esto. Sin embargo, en este último caso, la experiencia da cuenta de imperios de yoga que crecen y se disuelven por falta de honestidad y abuso de poder.

Como observadores, es importante mantenernos centrados en un camino de introspección y trabajo interno, porque ver da poder. Ser conscientes de esto nos habilita para proponer otra manera, otras maneras.


ALGUNAS TÉCNICAS DE OBSERVACIÓN

Desde el lugar de profesor, ¿qué utilizo para mirar al alumno cuando se acerca en busca de una práctica de yoga? A nivel práctico, puedo basarme en tres ejes importantes para observarlo.

• Darśanam: percibo a través de la vista, el oído, el olfato. Los sentidos no pueden estar agitados, dormidos ni aletargados. Tienen que haberse limpiado y entrenado para procesar la información.

• Sparśanam: percibo a través del tacto. Incluye la lectura del pulso (nāḍī parīkṣā).

• Praśnam: percibo a través de lo hablado y también de lo no dicho: el diálogo, la entrevista.


Durante la observación hay que tener en cuenta lo siguiente:

• Tradicionalmente, los yogis hacían 12 ciclos de nāḍī śodhana (técnica de respiración alterna) antes de cada consulta para asegurarse un mínimo de cualidad de balance y claridad observable en el pulso de sus alumnos.

• Tradicionalmente se aconsejaba un mínimo de lectura de 10.000 pulsos para empezar a entenderlos más profundamente.

• Así como la falta de confianza es una traba a la observación, el exceso de confianza y las interpretaciones triviales y arriesgadas también lo son. Se recomienda contrastar lo observado con otros parámetros.

• Cuanto más “invisible” sea el profesor (limpiando sus propias proyecciones e identificaciones de la observación) más podrá reflejar al alumno.


* Este post es un fragmento actualizado del libro de Gabriela Binello: Yoga Personalizado. Inspirado en T. Krishnamacharya (capítulo "La práctica personal de yoga").


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