Código de Etica Profesional en Yoga

Yoga es una disciplina, un arte, una filosofía, una cosmovisión del mundo que nació hace ya miles de años. En sus orígenes, su aplicación estuvo ligada a la convivencia en comunidad bajo la guía de maestros experimentados en las prácticas que transmitían. Ese contexto es muy diferente al que transita el yoga en nuestros días. Más allá de la búsqueda personal de cada alumno y más allá de excepciones, la expansión del yoga en Occidente tiene muchas veces más que ver con un negocio que con el desarrollo de la Conciencia.

Por esa razón, en cierto intento por regular el carácter excesivo de estos manejos comerciales en donde todo vale (desde decir que alguien inventó un “nuevo sistema de yoga” hasta plantear asociaciones incomprobables con maestros, tradiciones, linajes o centros de estudio en la India), los países que tienen más historia en la regulación profesional (Inglaterra, Estados Unidos, Francia), generaron Asociaciones que nuclean a profesionales del yoga para establecer cierto marco o protocolo en el ejercicio de la profesión. En esos marcos se establecen estándares básicos sobre lo que implica un profesorado de yoga así como una formación en yoga terapéutico. Estos Códigos de Etica Profesional suelen tener un vocabulario técnico pero en definitiva, se apoyan en la base ética del Yoga: los yama y niyama (YS II.29 al YS II.45).

Los yama son actitudes hacia los demás y aplicados específicamente al ejercicio de la profesión de profesores de yoga pueden traducirse como:

ahiṁsā: no-violencia. Como profesores, tenemos la responsabilidad y la obligación de formarnos tan exhaustivamente cuanto podamos, para evitar cualquier lesión o efecto no deseado en la práctica de nuestros alumnos.

satya: veracidad, verdad. Como profesores, como escuela, lo que decimos en nuestras clases y publicamos (desde nuestros libros hasta nuestras redes sociales) debe ser honesto y coherente con la realidad. Tergiversar o manipular una publicación (dando a conocer sólo una parte de la información) con fines de marketing para conseguir alumnos es una de las prácticas más tristemente difundidas en nuestra actualidad. En la mayoría de los casos, lo que se dice en esa publicación es incomprobable (ya sea porque el link con India es demasiado remoto y nadie en India chequea eso) o muy parcialmente veraz (por ejemplo, un profesor o un médico indio da una clase y se anuncia como que la “Asociación de Médicos de la India” se asocia a…o por ejemplo “me formé en India” cuando en realidad, la persona fue sólo una vez a la India y pasó, con suerte, sólo 3 días de prácticas en algún centro de yoga para visitantes ocasionales).

asteya: no quedarse con lo que no es propio. Como profesores, arrobarnos títulos, asociaciones, publicaciones o ideas que NO son propias es una manera de infringir este yama. También algo muy frecuente en la era de las redes sociales.

brahmacarya: preservación de la energía más sutil, control de los impulsos, moderación en pos de un objetivo espiritual. Como profesores, debemos preservar nuestra manera de asociarnos (ej.hay profesores que se postulan “amigos” de los alumnos y esto dista mucho de una relación saludable, por más cariño o vínculo amistoso que hubiera) y comportarnos con nuestros alumnos preservando cualquier impulso emocional, instintivo o de cambios de humor.

aparigrahāḥ: no acumular; ausencia de avaricia. Como profesores, retacear la información o especular con las enseñanzas en pos de una mayor acumulación de poder personal es parte de romper con esta actitud hacia los demás.

Por su parte, los niyama son actitudes para con uno mismo y, aplicados específicamente al ejercicio de la profesión de profesores de yoga, pueden traducirse como:

śauca: limpieza en todos los sentidos (mente-cuerpo), pureza. Como profesores de yoga, nos debemos limpieza física (del cuerpo pero también de nuestro entorno) así como pureza de nuestra mente. Este ejercicio es infinito porque no se fuerza con “ayunos” sino con un trabajo personal de introspección y guía de un maestro (mentor, consejero, terapeuta, etc. HUMANO).

saṁtoṣa: contentamiento, serenidad, satisfacción. Como profesores de yoga, sólo podemos mantener nuestra mente pura si cultivamos el agradecimiento y el contentamiento por lo que hay. Y dejamos de mirar “lo que falta”.

tapaḥ: esfuerzo intenso, purificar, austeridades. Como profesores de yoga, necesitamos comprender lo que significa “quemar impurezas” ya que el propio proceso así como el acompañamiento de otros procesos (nuestros alumnos) nos enfrenta seguido a miserias y debilidades humanas. Para ello, nuestra voluntad debe haberse fortalecido. El loto florece cuando sus raíces están firmes en el lodo y muchas veces nos toca hundir nuestras manos en barros ajenos. El entrenamiento para sumergir las manos en el lodo y limpiarlas cuando terminamos de ejercer nuestro trabajo, es parte de la templanza que nos da tapas.

svādhyāya: introspección. Como profesores de yoga, lo que resulta de ese proceso de quemar impurezas sólo puede reflejarse en nuestras enseñanzas a partir de practicar un proceso reflexivo.

īśvarapraṇidhānāni: devoción, entrega. Como profesores de yoga, nos encontraremos seguido con actitudes e intenciones ajenas que se alejan de este marco ético. Más allá de cualquier ejercicio personal y de cualquier introspección que podamos hacer, llega un punto en el que sólo queda “entregar” cualquier expectativa y confiar en que todo tiene un Orden.

Ese es el preciso momento en donde aprendemos a asimilar las incoherencias o los manejos deshonestos en el mundo del Yoga para seguir nuestro Camino y regar las semillas que, más tarde o más temprano, darán flores y frutos perfumados.


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